domingo, 24 de mayo de 2015

carta abierta a Francisco Coello Cabrera



Carta abierta a Francisco Coello Cabrera, «Paco», una persona que a decir de los que compartimos su amista, solía decir: «ese, ese no es cura, ese es ¡Un Buen Hombre!
Paco: Cuatro letras, dos sílabas y… así de primeras suena a poco, a grano de mostaza. Pero, si añadimos su apellido: «Coello», el contexto se amplia, se hace sensiblemente íntimo, eterno.
Paco el amigo. Paco el Bueno, Paco el benefactor de los desvalidos. Paco, el que dejó el arado, arrimó el hombro a la Cruz y la llevó consigo hasta el último minuto y las últimas consecuencias de su vida.
Tuve la suerte de conocerte, y, cosa extraña. De tratarte, de congeniar, de sentirme fortalecido con tu palabra, nacida para pensar, para mediar, y… todo eso a pesar de… a pesar de ser cura. Yo sé lo mucho que me has hecho pensar. Lo mucho que compartíamos y lo mucho que me duele no poder seguir compartiendo tu voz y tu presencia.
Yo un… digamos ateo, un agnóstico, un rojo, un socialista, una mosca cojonera con todo lo relacionado con el clero, que no con la iglesia, ni con las escrituras. Sabes, bueno, sabías; lo mucho que para mí representa la lectura. Y tú, de forma sutil, me reposicionaste en otros textos y contextos. Sabías que me gustaba escribir, o recopilar, o aprender, que todo viene a definirse en los mismo términos, y… y fuiste mi maestro.  El mejor.
Puedo asegurar que el tiempo que emplee. –Mejor dicho–, que «goce», gracias a Jaime y Consuelo, o Consuelo y Jaime, que tanto monta, recopilando tu vida; ordené, en cierto modo, un poco la mía. Puede que yo sea uno de esos extraños logros de un pastor, de un Buen Pastor, que es lo que tú eras de todas las iglesia en las que has ejercido hasta llegar a la del Buen Pastor de Benidorm. Pero… pero, por qué te redescubrí allí, en Benidorm. Por qué no fue aquí, en Onil, donde tantas huellas has dejado, donde tantas veces hemos recorrido juntos los intrincados senderos de nuestra sierra con el tío Cata… ¿Cómo pude estar tan ciego? Porque extraños motivos no alcance a ver la luz y la profundidad de tus palabras, de tus enseñanzas, porque no vislumbré el futuro de premoniciones, y compartí tus ideas, tu camino, tu senda…
Paco, esto que expreso a continuación son palabras tuyas, no mías. En una ocasión concreta, con fecha incluida, Dijiste: «Se suele decir que recordar es “volver a pasar por el corazón”. Pues eso es lo que hacemos al cumplir la Hoja Parroquial los mil números».
Mil números, miles de recuerdos. Un universo infinito de motivos para enriquecer el espíritu con tu simple evocación, para mejorar uno mismo, que es en sí, un bien para la comunidad. No fui un buen alumno, pero como el chiste de aquel que quería comprar un loro y le vendieron un mochuelo, nunca consiguió hacerlo «hablar», pero se fijaba mucho». Yo he sido mochuelo cada vez que nos hemos reunido, me he fijado muchos pero… ya lo sabes, siempre he sido un mal alumno, una oveja descarriada que ahora, con tu ausencia, ya no encuentra su redil. Pero te prometo que no dejaré de imitarte, de plagiarte, de leerte…
Tú ya sabías que conmigo no ibas a contar en tu funeral. Fueron Sola,  Jaime,  Consuelo, Vayona,  el Roch… fueron muchos, un montón de gente. Hoy en la red eres noticia, cosa que no te gustaba nada, pero que nunca pudiste evitar. Pero también sabes que estuve a tu lado, por lo menos en pensamiento. Así que eché mano al ordenador, abrí la carpeta de los apuntes que me regales y, sin esforzarme en buscar, por medio de una mano invisible que yo me sé muy bien, abrí un archivo y me puse a leer un texto exclusivo para la ocasión y que venía a demostrar de tu inmenso amor. El texto decía así:
«Hoy celebramos la solemnidad del Corazón de Jesús. En ella contemplamos la plena revelación del amor de Dios, en el amor con que nos amó Jesús.
Todo en Jesús es revelación. Toda su vida es como una ventana abierta por la que se va asomando el Dios, Misterio de Amor.
Su humanidad es también revelación de la nuestra. Hemos sido creados a imagen de Dios. Con todas nuestras limitaciones somos IKONO del Dios, familia de amor, para ser también nosotros ventana por donde asoma Dios.
En esta solemnidad, en este marco de amor, nos unimos a la Hermana Clementina para darle gracias a Dios por sus cincuenta años de vida consagrada al Señor en el Carisma de las Hermanas de la Doctrina Cristiana.
Ella un día escuchó la llamada de Jesús, y, dejándolo todo, lo siguió. También a Clementina le hizo Jesús aquellas preguntas con que examinó de amor a Pedro:
¿Me amas más que estos? ¿Me amas de un modo especial? ¿Me amas con toda tu capacidad de amar? ¿Me amas en exclusiva?
Y seguro que ella, como Pedro, contestó: Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo.
La vida de una persona consagrada, la vida de una virgen, está “hecha” de amor, y sólo es posible como una decisión dictada por el amor.
Virgen es aquella persona que, como dice el Salmo 44, ha elegido amar de todo corazón al más hermoso de los hijos de los hombres.
Virgen es aquella persona con capacidad de relacionarse con los demás a partir de aquella relación que está en el origen de todo: la relación con Dios.
Una santa mujer decía: Eres Tú, Señor, aquella parte de mi misma que yo buscaba por todas partes para completarme. Tú das unidad a todo mi ser.
Clementina, que el Señor posea en tu alma el lugar que no has querido ceder a “otro esposo”. Que el Señor siga completando en ti lo que Él empezó hace 50 años. Y que tú sigas siendo el barro dócil en las manos del Espíritu Santo.
Nosotros damos gracias a Dios porque has sido un regalo para la Iglesia, para el Instituto y para el mundo».
… Y, esto lo dijiste tú, lo escribiste tú. Así que yo lo proclamo, lo grito para que el eco de tu voz llegue hasta ese lugar por el que tanto dolor has soportado hasta alcanzarlo.
 Tú has sido mi ventana. Haz que no se cierren jamás. Sola, mi mujer, ya sabe que siempre debe tenerla abierta, aunque le entre el polen y sus ojos, inyectados de alergia, no puedan reprimir las lágrimas; como ella dijo al entrar a casa con los ojos enrojecidos después de haber asistido a tu funeral: «es la alergia, no vayas a pensar… que tú…».
Un abrazo eterno, Paco.
Cames.

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