viernes, 7 de agosto de 2015

7 de agosto de 1579


Aguas de la Foia

El agua. ¡Ese gran milagro!

La necesidad aviva el ingenio. El vecino de Muchamiel, Pedro Cano Izquierdo, concibió la idea de retener, en la garganta que forman los cerros del «Mos del Bou» y «La Cresta», en el término de Tibi, las aguas que, procedentes de la Hoya de Castalla, discurrían libres hasta el Mediterráneo para ser aprovechadas en tiempos de sequía. Pedro Cano Izquierdo confió su proyecto al maestro cantero Miguel Alcaraz, también de Muchamiel y, trasladándose al lugar citado, ubicaron el lugar para fabricar el estanque.
Convencido el municipio de la utilidad de la obra, tal día como hoy, quizá no tan caluroso ni tan gris, se celebró consejo general en la lonja, donde fueron convocados los regantes de la huerta de Alicante, beneficiarios de las aguas que nacían en la Hoya de Castalla.
En esta reunión se acordó suplicar permiso al rey para construir el pantano de Tibi y comprar a don Pedro Masa y Carroz, marqués de Terranova y señor de Castalla, el terreno donde había de efectuarse aquella obra; adquisición que se verificó el 12 de agosto del mismo año de 1579, según escritura de venta ante el escribano Esteban Corbí.
Antes de conceder el permiso real, el rey Felipe II envió al lugar elegido a Juanelo Turriano, relojero del rey y autor del célebre artificio que desde 1568 elevaba las aguas del Tajo a la ciudad de Toledo, con el fin de ser informado sobre la viabilidad de la obra.

Juanelo Turriano levantó un plano que, tras ser examinado por el rey, mereció su visto bueno; pero Pero aquel «pero» real contenía un cláusula muy específica y concreta, los coste de la obra habían de ser sufragados por el Concejo de Alicante, a quien autorizó para que tomase a censo la cantidad necesaria.

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