7 de agosto de 1579
Aguas de la
Foia
El agua. ¡Ese
gran milagro!
La necesidad
aviva el ingenio. El vecino de Muchamiel, Pedro Cano Izquierdo, concibió la
idea de retener, en la garganta que forman los cerros del «Mos del Bou» y «La
Cresta», en el término de Tibi, las aguas que, procedentes de la Hoya de Castalla,
discurrían libres hasta el Mediterráneo para ser aprovechadas en tiempos de
sequía. Pedro Cano Izquierdo confió su proyecto al maestro cantero Miguel Alcaraz,
también de Muchamiel y, trasladándose al lugar citado, ubicaron el lugar para fabricar
el estanque.
Convencido el
municipio de la utilidad de la obra, tal día como hoy, quizá no tan caluroso ni
tan gris, se celebró consejo general en la lonja, donde fueron convocados los
regantes de la huerta de Alicante, beneficiarios de las aguas que nacían en la
Hoya de Castalla.
En esta reunión
se acordó suplicar permiso al rey para construir el pantano de Tibi y comprar a
don Pedro Masa y Carroz, marqués de Terranova y señor de Castalla, el terreno
donde había de efectuarse aquella obra; adquisición que se verificó el 12 de
agosto del mismo año de 1579, según escritura de venta ante el escribano
Esteban Corbí.
Antes de
conceder el permiso real, el rey Felipe II envió al lugar elegido a Juanelo Turriano,
relojero del rey y autor del célebre artificio que desde 1568 elevaba las aguas
del Tajo a la ciudad de Toledo, con el fin de ser informado sobre la viabilidad
de la obra.
Juanelo Turriano
levantó un plano que, tras ser examinado por el rey, mereció su visto bueno; pero… Pero aquel «pero» real
contenía un cláusula muy específica y concreta, los coste de la obra habían de ser
sufragados por el Concejo de Alicante, a quien autorizó para que tomase a censo
la cantidad necesaria.
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