domingo, 31 de mayo de 2015

cronologia de la historia de la foia

cronologia de la historia de la foia

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  1. A Tito, el lobo, no tan solitario,
    de nuestra sierra.


    Veleidad de un sueño

    No sé si ha sido un sueño, la veleidad de mi imaginación o el subconsciente, lo cierto es que esta mañana me he despertado y antes de ponerme los audífonos y acoplarme las gafas a la nariz, las dos puertas que uso para entrar en la realidad de un mundo incomprensible, he salido a la galería, he mirado la montaña y… misteriosamente el sueño continuaba y la veleidad se hacía más dulce, más ensoñadora, más nostálgica…
    Me he puesto a escribir de inmediato. No quería que este acontecimiento, esta parte de mi vida, se perdiese en los recovecos de la memoria.
    En la nebulosa del sueño me he fundido en la fantasía de uno de los recorridos que solíamos hacer Tito, Norberto y, en muchas ocasiones, las más, Santos. Tres ausencias, tres desgarros en el gran libro de la amistad. Unas hojas tan difíciles de rellenar que por ese motivo he decidido dejarlas intactas en la memoria de mi vida.
    Caminábamos los cuatro por la sierra de Galindo, «Les Talaes», y allá, en lo más alto, en el «alt de la Barsella», a más de 1206 metros sobre el nivel del mar, hemos visto un numeroso grupo de gente. Tito ha reconocido entre ellos a su madre, que, con ochenta y… muchos años, ha subido hasta casi rozar el cielo después de haber pasado por el infierno de ver como su hijo Tito, se le iba, se marchaba, volaba entre las alturas de la Sierra de Onil para que su huella, invisible pero eterna, esté presente en nuestra querida montaña.
    Norberto y Santos, curiosos ellos, no han podido resistir la tentación, y Tito y yo, como siempre, en ese sueño que forma ya parte de un realidad inalterable, hemos bajado tras ellos hasta la cruz de Galindo en donde Paqui, Raúl, la madre de Tito, sus hermanas y sus cuñados, acompañados de una gran multitud, esparcían pavesas de historia, de literatura, de proyectos, de amor, de entrega, de valentía…
    Norberto y Santo departían con todos, aunque los demás parecía no darse cuenta. Ni siquiera me veían a mí, que sigo en el mundo de los vivos. Norberto y Santo se sentían felices en su entorno, y ahora más con la llegada de Tito, aunque sentían en su conciencia el rescolde de ese gesto humano que provoca el egoísmo, sabedores del vacío tan sensible que la ausencia de Tito provocaba. Pero antes tuvo lugar la de ellos, y, con la experiencia del tiempo consiguieron tranquilizar a un Tito que se obstinaba en bajar corriendo para abrazar a Paqui, para consolar a su madre, para confortar a sus hermanas, para decirles que… que él, no estará nunca ausente de los suyos, que su vida, su persona, será modelo, icono; símbolo de una vida vivida con alegría, con entrega y con valentía, mucha valentía; consecuencia de la fortuna de tener unos padres sensibles a la realidad y tolerantes, y sobre todo valientes. Tito ha sacado esa valentía de su propia madre, de las raíces de la familia, de la honestidad de su forma de vivir…
    El sueño, la veleidad de mi mente, se hizo más irreal cuanto más real era y Tito, en la imaginación, se abrazó a Paqui, a Raúl, a Alejandro, a su madre y a su padre, a su tía Purita, a sus hermanas… y el abrazo empezó a crecer, a acumular gente a crear un círculo sin fin y…
    Y yo desperté del sueño, volví a la realidad, si es que alguna vez he estado en ella, y me vi en la terraza de casa, mirando al horizonte mientras tres reflejos del sol, o de luna; o una simple maquinación, dibujaba en el perfil de la montaña tres almas oteando desde su Arcadia feliz.
    Tito, Norberto, Santos… Que os aproveche ese almuerzo eterno en cada uno de los lugares de ensueño de nuestra entrañable sierra.

    Onil, Cames, 31 de mayo de 2015.

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